El interior de Marte es conocido a través de los datos obtenidos por las sondas espaciales que lo visitaron. Se supone que posee un núcleo de alrededor de
1.700 kilómetros de radio, un manto algo más denso que el de nuestro planeta y una delgada corteza. La densidad relativamente baja de Marte cuando se la compara con la de otros planetas de tipo terrestre indica que su núcleo probablemente contiene un porcentaje bastante alto de sulfuro además de hierro, y que se encuentra en estado líquido.
Al igual que Mercurio y la Luna, Marte carece de
una tectónica de placas activa; no hay evidencias
de movimientos horizontales de la superficie, causantes
de los pliegues montañosos tan comunes en
la Tierra. Sin movimientos laterales de las placas,
los puntos de tensión bajo la corteza permanecen
en una posición fija con relación
a la superficie; esto, junto con la menor fuerza
de gravedad reinante en la superficie marciana,
pudo ser la causa de la formación de Tharsis
y sus enormes volcanes. Sin embargo, no hay evidencias
de actividad volcánica actual, y si bien
Marte pudo haber sido volcánicamente más
activo en el pasado, aparentemente nunca tuvo tectónica
de placas.
Hay claras evidencias de erosión en muchos
lugares de Marte, incluyendo grandes inundaciones
y pequeños sistemas de ríos. Sin lugar
a dudas, en algún momento del pasado hubo
agua en la superficie; se cree que pudieron haberse
formado grandes lagos o incluso océanos.
Sin embargo, esto ocurrió durante un breve
período y hace mucho tiempo; la edad de los
canales de erosión está estimada en
alrededor de cuatro mil millones de años
(Valles Marineris no fue creado por la erosión
del agua, sino que se formó por la dilatación
y la ruptura de la corteza asociadas con la creación
de Tharsis).
En un principio, Marte era muy parecido a la Tierra.
Al igual que en nuestro planeta, casi todo el dióxido
de carbono terminó formando parte de rocas
con alto contenido de carbono. Pero al carecer de
una tectónica de placas como la existente
en la Tierra, Marte fue incapaz de reciclar todo
ese dióxido de carbono de vuelta a su atmósfera,
por lo que no pudo sostener un efecto invernadero
significativo. La superficie de Marte es comparativamente
más fría que la de nuestro planeta,
si éste se encontrara a esa misma distancia
del Sol, debido a este motivo.
Marte está envuelto por una atmósfera
muy delgada, compuesta por
dióxido de
carbono (95.3%), nitrógeno (2.7%), argón
(1.6%) y trazas de oxígeno (0.15%) y agua
(0.03%). El promedio de la presión atmosférica
en la superficie de Marte es de sólo
7
milibares (menos del 1% de la presión
existente en la superficie terrestre), pero varía
notablemente con la altura: de alrededor de 9 milibares
en los barrancos más profundos a cerca de
1 milibar en la cima de Olympus Mons. Sin embargo,
la atmósfera es lo suficientemente gruesa
para soportar vientos muy fuertes y vastas tormentas
de arena, que en ocasiones envuelven al planeta
entero durante meses. Si bien su atmósfera
está compuesta en su mayor parte por dióxido
de carbono (al igual que la de Venus), el efecto
invernadero en Marte es lo suficientemente fuerte
como para elevar la temperatura de la superficie
en sólo unos 5°C.
Marte posee capas de hielo permanente en ambos
polos, compuestas mayoritariamente por
dióxido
de carbono sólido ("hielo seco")
mezclado con polvo oscuro. En el verano del hemisferio
norte, el dióxido de carbono se sublima completamente,
dejando una capa residual de hielo de agua. No se
sabe si una capa similar de hielo de agua existe
bajo el polo sur, ya que su capa de dióxido
de carbono nunca desaparece completamente. El mecanismo
responsable de la generación de las distintas
capas es desconocido, pero se supone que se trató
de cambios climáticos relacionados con cambios
a largo plazo en la inclinación del ecuador
de Marte con respecto al plano de su órbita.
También es posible que exista hielo de agua
oculto bajo la superficie en latitudes más
bajas. Los cambios estacionales en la extensión
de las capas polares generan cambios de alrededor
del 25% en la presión atmosférica
global (según mediciones realizadas en los
sitios de aterrizaje de las Viking).
En el 2001, observaciones con el telescopio espacial
Hubble revelaron que las condiciones climáticas
reinantes durante las misiones Viking pueden no
haber sido las típicas. Actualmente la atmósfera
de Marte parece ser más fría y seca
que durante las mediciones realizadas por ambas
sondas de descenso.
Las sondas Viking realizaron, además, experimentos
para determinar la existencia de vida en Marte.
Los resultados fueron negativos; sin embargo, sólo
dos pequeñas muestras de suelo fueron analizadas,
y se obtuvieron en regiones del planeta que no son
consideradas las más favorables para el desarrollo
de la vida. Más experimentos serán
llevados a cabo por futuras misiones no tripuladas
al planeta rojo.
Débiles campos magnéticos, amplios aunque no globales, existen en varias regiones de Marte. Este descubrimiento inesperado fue realizado por la sonda
Mars Global Surveyor, pocos días después de haber entrado en órbita alrededor del planeta rojo. Probablemente se trata de remanentes de un campo magnético global que ha desaparecido; este hallazgo podría tener importantes implicaciones en la formación de la estructura interior y de la atmósfera de Marte.
La NASA anunció en marzo de 2004 que el rover
Opportunity había encontrado claros indicios de que sobre la superficie de Marte
fluyó suficiente agua como para permitir el surgimiento de la vida en el pasado. El descubrimiento se produjo como resultado de las exploraciones realizadas por el vehículo robótico, que descendió sobre un cráter en medio de la llanura
Meridiani Planum, cerca del ecuador marciano, en enero de ese año, tres semanas después de que su gemelo
Spirit amartizara en el cráter
Gusev, ubicado en el extremo opuesto del planeta rojo.